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Hiperglucemia

El cuarto vaso de agua resbalaba por mi garganta. Con un ademán pacificador me toma la espalda y me pregunta:

¿Qué sientes?…

Comunicar es una de las cosas más grandes que me ha enseñado mi diabetes. En ese momento, después de unas cuatro horas sin poder volver a un número decente, me limité a decir: irritada, cansada, con dolor de cabeza y con sed. La hiperglucemia es, es…

            Bueno, hoy les voy a describir a la hiperglucemia con situaciones del mundo de los mortales sin diabetes, prometo que haré mi mejor intento.

La hiperglucemia, es esa niña que quiere que su madre le preste atención porque quiere algo, un juguete nuevo, qué sé yo. Pero no lo pide, lo demanda… Le jala la falda, grita, llora, se tira al suelo, reclama atención y haría perder la calma a cualquier mamá allá afuera frente al aparador de una tienda.

La hiperglucemia es también esa desesperación que sientes en el momento exacto después de darte un golpe en la cabeza por no ver el poste que tenías enfrente, pero no el golpe en sí, esa sensación de enojo y desesperación porque te duele y porque pudiste ser más precavido, aunque sabemos, que muchas veces y a pesar de toda la precaución, ese poste llamado hiperglucemia va a aparecer ahí por alguna extraña razón.

La hiperglucemia es esa frustración cuando no suena tu despertador o también, ¿por qué no? cuando sí lo hace y lo hace tan fuerte que taladra en un profundo sueño del cual no querías despertar.

La hiperglucemia, es ese malestar que sientes después de una terrible noticia, esa visión nublada (literal) de un momento agobiante. Es sentirte cansado, mirar el reloj una y otra vez para corroborar que el tiempo sigue siendo tiempo y el mundo, mundo es.

Muchas veces cuando bajas la cabeza y no sabes si tu vida lleva el rumbo que quisieras y el corazón se te hace chiquito, tan chiquito como una ciruela pasa…

Desesperanza…

Ver un 250 en una pequeña pantallita me ha causado muchas grandes desesperanzas.

            La hiperglucemia… es la desesperanza.

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Decidir

Decía Vallejo:
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París y no me corro 
tal vez un jueves, como es hoy de otoño. 

Nunca había sentido la muerte tan presente, incluso cuando todos los que amas comienzan a morir y las circunstancias de la vida traen a ti muerte en todas las presentaciones que te imagines.

Es claro, todos vemos la muerte de la gente que más amamos, es el ciclo, es parte de aceptar la fugacidad de nuestra existencia.

Me topé con el comentario más doloroso que he leído y no es por presumir, pero he leído bastante sufrimiento en mi camino… esos artículos que hablan sobre gente que muere durmiendo a causa de una hipoglucemia o sobre alguien que confunde la CAD con una simple gripe. He sentido dolor por madres que dejan morir a sus hijos por desinformación y miedo al tratamiento con insulina. Casi todas las semanas, veo en las comunidades virtuales alguien que comparte la muerte de algún familiar que vivía con diabetes.

Tenemos el control. No creo que exista un padecimiento en donde el paciente tenga tanto control y decisiones sobre su tratamiento como lo es al vivir con diabetes tipo 1. Las decisiones no sólo se encuentran cimentadas en unos buenos números y bienestar físico, hay decisiones que se encuentran impulsadas por el cansancio mental que conlleva cargar con esto todo el día. 

“Si dejo de administrarme insulina ¿Cuántos días de vida me quedarían?”

Te paraliza la vida, porque ¿Quién no ha estado cansado de todo esto? Si algo he aprendido, es que los que vivimos con diabetes intentamos tener una armadura de poderío frente al mundo, vamos por la vida demostrando lo poco que nos duele picarnos, sangrarnos, observar meticulosamente lo que comemos… Sí, lo hacemos, sí somos fuertes, sí, no nos gusta que la gente se compadezca de nosotros. 

Hay algo maravilloso en las comunidades en línea, todos nosotros nos mostramos tal y como somos, todos comprendemos que somos muy fuertes día a día, pero también sabemos lo difícil que es, lo terrible que es despertar todos los días y cargar con todo esto. La empatía de alguien que vive con ello nos hace sentir en un lugar seguro sin importar la distancia, lenguaje o diferencia cultural. 

El impacto en la salud mental es importante, nunca hay que olvidar que la comunicación es primordial, que buscar apoyo en la familia, amigos y un profesional de la salud mental puede ser la decisión de NUESTRA VIDA. 

Nuestro vida se encuentra llena de decisiones, decidir vivirla está en nosotros.

Por cierto, Vallejo no murió un jueves, fue un viernes con llovizna, en Paris…

Si necesitas ayuda, en México puedes comunicarte al Saptel:

55 52 59 81 21

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Soy

En mi vida he tenido que vivir con unos cuantos estigmas, sí, considerándolo desde muchos puntos. Primero y ante todo soy madre, soy esposa, joven, sí y es difícil que la gente no señale esas decisiones en tu vida. Pero hoy, afortunadamente, cuento con la madurez suficiente, el cariño y acompañamiento de las personas indicadas que me aman por lo que soy y no por ser parte de un “tipo de persona” porque sí, soy parte de muchos tipos… ¿no lo somos todos? 

Me defino también, por vivir en el mundo de las letras, en el mundo de las narraciones, de las historias, de aquellas que cuentan de grandes caballeros y amor cortés. Pero también, me encuentro en el mundo del lenguaje, de los documentos antiguos y de las maravillas que ofrece la diversidad de culturas y lenguas indígenas de mi país, México.

Soy filóloga, soy lingüista y sí, también soy literata.

Todo ello me hace ser quien soy, pero hoy quiero comenzar a contar la historia más trascendente de mi vida: vivir con diabetes tipo 1.

El tipo

En marzo de 2010 la enfermera me pregunta… señora, ¿es usted diabética?

Acababa de dar a luz hace unos meses y desde entonces tenía problemas físicos constantes, acudí a la sala de emergencias con 333 de glucosa. Esos síntomas, de los que todos hemos oído hablar, mi peso, mi historial médico familiar, las circunstancias y un sistema de salud deficiente me llevaron a un diagnóstico erróneo de diabetes tipo 2 en noviembre de 2010, sí, ocho meses después.

Viví 4 años sin educación sobre mi salud, sobre mi cuerpo, con médicos regañándome por no hacer las cosas bien, esperando meses para estudios de laboratorio, citas con especialistas y un día simplemente dejé de intentarlo, olvidé mi salud por completo, seguí tomando mis medicamentos, pero dejé de medir mis glucemias y simplemente no me preocupé de ello… Caí en un largo burn out de cerca de cuatro años. Me prometí que nunca volvería al sistema de salud mexicano, incluso si eso tenía limitaciones y sacrificios.

En septiembre de 2018, había perdido peso, no podía ver y mis niveles de azúcar en sangre eran muy altos. Después de muchas pruebas y medicamentos, mi endocrinólogo optó por hacer un nuevo diagnóstico de mi diabetes. Hizo todos los laboratorios que nunca me hicieron en el sistema de salud… Nadie puede verte y decirte “eres tipo uno o dos” sin unas pocas pruebas de laboratorio.

El 4 de septiembre de 2018, ocho años después de mi primer diagnóstico, mi vida volvió a tener sentido, ese día, abracé mi diabetes tipo uno y me hice cargo.

Información es poder

Bien, no te voy a mentir, lo primero es el miedo… Sientes miedo, lloras, sólo quieres tirar tu diabetes por la ventana … Me habían diagnosticado por segunda vez en mi vida con algo que nunca desaparecería.

Y te dicen que tendrás que intentar estar en rango todos los días, contando carbohidratos, calculando bolos, inyectándose muchas veces al día. Es exhaustivo, pero cada día he podido superar muchos temores, es increíble cómo todas esas frases de motivación que ves por ahí cobran sentido y comienzas a darte cuenta de lo increíblemente poderoso que eres. Es importante tener apoyo profesional, amigos, seres queridos e información.

Es un equilibrio.

Entonces, leí … Leí todos los blogs que encontré, las páginas grandes sobre el tipo uno, como Beyond type 1, todos los artículos y blogs que encontraba en mi camino, en ese gran mar de información, con ello me di cuenta de que me sentía más tranquila al respecto, comencé a sentirme acompañada, informada y consciente de mí misma y de lo que estaba viviendo.

A medio año de mi diagnóstico, sigo leyendo todos los días sobre diabetes, pero no sólo los términos médicos, también las experiencias de vida de otras personas, esas experiencias tienen un papel importante en mi vida. Encontré una gran comunidad, muchas personas de todo el mundo viviendo sus diabetes; padres y madres, extremadamente admirables, de pequeños que viven con dt1; personas con un diagnóstico erróneo, personas que se sentían solas y confundidas como yo. La comunidad en Instagram de DT1 es uno de los lugares en donde he aprendido más sobre la empatía y el acompañamiento que cualquier otro.

Todas las diabetes son distintas, no a todos nos funciona lo mismo, pero aprender de lo que otros viven es uno de los mayores recursos para afrontar situaciones y no sólo frente a la diabetes tipo uno, sino como ser humano.