Soy

En mi vida he tenido que vivir con unos cuantos estigmas, sí, considerándolo desde muchos puntos. Primero y ante todo soy madre, soy esposa, joven, sí y es difícil que la gente no señale esas decisiones en tu vida. Pero hoy, afortunadamente, cuento con la madurez suficiente, el cariño y acompañamiento de las personas indicadas que me aman por lo que soy y no por ser parte de un “tipo de persona” porque sí, soy parte de muchos tipos… ¿no lo somos todos? 

Me defino también, por vivir en el mundo de las letras, en el mundo de las narraciones, de las historias, de aquellas que cuentan de grandes caballeros y amor cortés. Pero también, me encuentro en el mundo del lenguaje, de los documentos antiguos y de las maravillas que ofrece la diversidad de culturas y lenguas indígenas de mi país, México.

Soy filóloga, soy lingüista y sí, también soy literata.

Todo ello me hace ser quien soy, pero hoy quiero comenzar a contar la historia más trascendente de mi vida: vivir con diabetes tipo 1.

El tipo

En marzo de 2010 la enfermera me pregunta… señora, ¿es usted diabética?

Acababa de dar a luz hace unos meses y desde entonces tenía problemas físicos constantes, acudí a la sala de emergencias con 333 de glucosa. Esos síntomas, de los que todos hemos oído hablar, mi peso, mi historial médico familiar, las circunstancias y un sistema de salud deficiente me llevaron a un diagnóstico erróneo de diabetes tipo 2 en noviembre de 2010, sí, ocho meses después.

Viví 4 años sin educación sobre mi salud, sobre mi cuerpo, con médicos regañándome por no hacer las cosas bien, esperando meses para estudios de laboratorio, citas con especialistas y un día simplemente dejé de intentarlo, olvidé mi salud por completo, seguí tomando mis medicamentos, pero dejé de medir mis glucemias y simplemente no me preocupé de ello… Caí en un largo burn out de cerca de cuatro años. Me prometí que nunca volvería al sistema de salud mexicano, incluso si eso tenía limitaciones y sacrificios.

En septiembre de 2018, había perdido peso, no podía ver y mis niveles de azúcar en sangre eran muy altos. Después de muchas pruebas y medicamentos, mi endocrinólogo optó por hacer un nuevo diagnóstico de mi diabetes. Hizo todos los laboratorios que nunca me hicieron en el sistema de salud… Nadie puede verte y decirte “eres tipo uno o dos” sin unas pocas pruebas de laboratorio.

El 4 de septiembre de 2018, ocho años después de mi primer diagnóstico, mi vida volvió a tener sentido, ese día, abracé mi diabetes tipo uno y me hice cargo.

Información es poder

Bien, no te voy a mentir, lo primero es el miedo… Sientes miedo, lloras, sólo quieres tirar tu diabetes por la ventana … Me habían diagnosticado por segunda vez en mi vida con algo que nunca desaparecería.

Y te dicen que tendrás que intentar estar en rango todos los días, contando carbohidratos, calculando bolos, inyectándose muchas veces al día. Es exhaustivo, pero cada día he podido superar muchos temores, es increíble cómo todas esas frases de motivación que ves por ahí cobran sentido y comienzas a darte cuenta de lo increíblemente poderoso que eres. Es importante tener apoyo profesional, amigos, seres queridos e información.

Es un equilibrio.

Entonces, leí … Leí todos los blogs que encontré, las páginas grandes sobre el tipo uno, como Beyond type 1, todos los artículos y blogs que encontraba en mi camino, en ese gran mar de información, con ello me di cuenta de que me sentía más tranquila al respecto, comencé a sentirme acompañada, informada y consciente de mí misma y de lo que estaba viviendo.

A medio año de mi diagnóstico, sigo leyendo todos los días sobre diabetes, pero no sólo los términos médicos, también las experiencias de vida de otras personas, esas experiencias tienen un papel importante en mi vida. Encontré una gran comunidad, muchas personas de todo el mundo viviendo sus diabetes; padres y madres, extremadamente admirables, de pequeños que viven con dt1; personas con un diagnóstico erróneo, personas que se sentían solas y confundidas como yo. La comunidad en Instagram de DT1 es uno de los lugares en donde he aprendido más sobre la empatía y el acompañamiento que cualquier otro.

Todas las diabetes son distintas, no a todos nos funciona lo mismo, pero aprender de lo que otros viven es uno de los mayores recursos para afrontar situaciones y no sólo frente a la diabetes tipo uno, sino como ser humano.

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