Cuidadores

El sonido del caminar de Papá resuena en mi cabeza últimamente.

Las largas caminatas que teníamos hace más de 15 años, en donde a veces, o casi siempre no lograba guardar silencio y hablaba con él y conmigo misma de las tonterías del mundo; recogíamos palitos de los banderines y publicidades que dejaban por las calles las candidaturas políticas y después los aventábamos lo más lejos que podíamos.

A veces, sólo canturreaba una canción, con ese sueño terrible de dedicarme al canto y el impulso y apoyo que me daba, hasta que crecí y para él no pudo ser real. Algún día tendría un Mustang rojo. Hablábamos de coches, muchísimo.

Hace unos días caminaba con Christian por la plaza, en mi cabeza resonó ese monótono y rítmico sonido que dejaban sus pasos. Había adoptado todo eso, había adoptado sus silencios, había adoptado su manía de sobre pensar las cosas, había adoptado su gusto por la literatura. Tuve mucho miedo de adoptar todo eso y ahora llevo gastados todos mis zapatos del mismo lugar en que él los desgastaba.

Cómo quisiera haber lidiado con mi diabetes en sus brazos. Quizá, él hubiera entendido todo a la perfección; tal vez tenía miedo de que heredara todo esto de Mamá y por ello los largos paseos que sólo compartía conmigo. Quizá ese era su modo de decirme “te quiero bien”.

Cuánto desee no haber adoptado tanto de él. Cuánto me hacen falta sus locuras y poesía.

Me contó con llanto sus días de maquinista, cómo las cosas más terribles pasaron frente a sus ojos. Nunca me subí a un tren. Todas las navidades compraba un pequeño tren de juguete que recorría el árbol. Un pequeño tren de juguete cubrió su ataúd en su solitario funeral.

Reconociendo los síntomas, sé que mama cayó en CAD algunas veces. Una madrugada cuando apenas tenía unos pocos años de vida. Hoy todo se vislumbra, aparece. Siempre he gozado de una memoria poderosa, me veo en sus brazos con tres años, sonriendo.

Lo recuerdo preocupado, subiendo a Mamá al coche y llevándola con rapidez a la sala de urgencias. Lo veo preocupado cuando tuvieron que someterla a cirugía en otra ocasión, lo veo entrando a la bruma de Xalapa y en mis recuerdos.

Sé que no soy el único adulto del mundo viviendo con diabetes tipo uno que piensa que tener unos padres cuidadores sería de gran ayuda.

Los extraño, siempre.

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