Lenguaje y diabetes

La primera vez que me encontré con el termino “vivir con diabetes” puse los ojos en blanco y arrojé un comentario un poco amargo sobre que había cosas más importantes que tratar en el mundo de la diabetes…

No podía estar más equivocada.

Como lingüistas observamos a la lengua como un sistema que está en constante cambio y ese cambio surge, entre otras cosas, por acuerdo. Si hoy comienzo a llamarle perro al gato y todos los demás hablantes me siguen y le dicen perro al gato, hasta que el gato empiece a ser nombrado perro, ocurre un cambio. Este ejemplo, un tanto simple (bastante) es lo que conocemos en lingüística como “cambio lingüístico”.

Cuando me senté a analizar la palabra “diabético” y por qué era causante de tanta molestia en las comunidades en habla hispana, llegué a varias conclusiones.

Todas las palabras, se ven rodeadas de, llamémoslo así… “ideas” que las representan, que las diferencian y que construyen todo un contexto en torno a ellas. Si ponemos la palabra “postre”, sin duda alguna vendrá a nuestra cabeza un bonito mundo de colores y dulzor que todos amamos… ¡Niéguenlo! Nadie en este mundo piensa en un postre como pensaría de la palabra <basura>

En México, mi país, la información y conocimiento que tiene la población sobre la diabetes no ha sido de gran ayuda. El contexto que genera “diabético” suele ser bastante desalentador, no es difícil encontrar comentarios en redes sociales de gente que señala y critica a la gente que vive con cualquier tipo de diabetes y lo hace sin la más mínima claridad o conocimiento del tema. Sobre todo, cuando se trata de otros tipos de diabetes que no son la diabetes tipo 2.

“Es por comer dulces, es por tomar refresco, es porque es un invento de las farmacéuticas…” (y un millón de etcéteras que me ahorraré por respeto a mis amigos DT1 que andan por aquí leyendo y sobre todo porque sé que ya lo han leído bastante)

“Diabético” se encuentra muy relacionado con las complicaciones que se presentan con la diabetes: “pie diabético”, “retinopatía diabética” etc., parece que al llamarnos “diabéticos” somos más parte de un problema que ejemplo o muestra de un estilo de vida un poco diferente al de los demás.

Vivir con diabetes es un estilo de vida, distinto, sí, no lo voy a negar, pero quienes vivimos con diabetes, básicamente hacemos lo mismo que tú. Vamos a fiestas y comemos pastel, hacemos deporte, algunos más, algunos menos, sólo que tenemos que estar pendientes durante las 24 horas del día de nuestros niveles de glucosa, de calcular cuántos carbohidratos hay en lo que vamos a consumir y en los factores que pueden estar afectando nuestra glucosa. Creo que el cambio ha avanzado bastante, las personas en las comunidades en línea están viviendo sus diabetes y es una terminología que al estar en uso hará lo suyo para llegar a todos los rincones.

Ser diabéticos no nos define, no somos diabéticos, somos personas que viven con diabetes, porque si me dices diabético veo en mi mente toda esa construcción social que se ha formado en torno a la diabetes y eso, amigo mío… NO es vivir con diabetes.

Montaña rusa

Subo al techo y a mi derecha, cuando la contaminación lo permite, puedo ver a lo lejos a la pareja más mítica de mi país: Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Giro a la izquierda y puedo ver uno de los parques de diversión más conocidos de México, lo traigo a mi memoria y extraño mi hogar en Ciudad de México.

Las montañas rusas nunca han sido de mi agrado, pero la primera vez que me subí a una fue precisamente a esa que puedo ver desde la cima de mi casa al sur de la Ciudad de México, esa que lleva el nombre del súper héroe más súper héroe de todos. En fin, me aterra ver hacia ella. Nunca volvería a subirme a una montaña rusa, me dije un día, hasta que, bueno…. llegó mi diabetes.

Cuando los que vivimos con diabetes nos referimos al término “montaña rusa” no es sólo a la pequeña imagen que representa nuestros niveles de glucosa en una gráfica en nuestras libretas, apps, medidores de glucosa continuos y demás. ¡Noo! Literalmente es sentir que bajas en picada a una velocidad aterradora y que subes y subes y subes… y el miedo te deja inmóvil.

He pasado unas semanas algo ajetreadas con mi glucosa, unas gráficas tan tremendamente necias llenas de subidas y bajadas… Ya me decía una amiga que hablara con ella y le dijera que se relajara…

¡Caray!… ¡coopera! ¡tú y yo somos amigas, diabetes!

Me frustro, tiemblo, me enojo, mi cabeza duele y comienzo a ver la fatalidad en la posibilidad de que el carrito salga disparado de la vía o bien, me visualizo atascada por horas ahí con los pies de cabeza. Es un conjunto, son todos mis sentidos subiendo y bajando, es involucrar mi estado físico y emocional a estar en ese pequeño carrito de la vida con diabetes.

No sólo mi glucosa parece una montaña rusa. Vivir con diabetes lo es totalmente y a veces, sólo nos queda aceptar que hay que aferrarse con fuerza al carrito, ponerse el cinturón de seguridad y esperar la inminente bajada o subida.