Con Dos de Azúcar

En ese tiempo jugábamos a hacer literatura, nadie tenía nombre propio y dedicábamos veladas enteras a hablar sobre el mundo. Bueno, para ser sincera yo no hacía literatura, esto que me dispongo a contarles fue mucho tiempo antes de que yo siquiera pensara en dedicarme a lo que hago, (¿qué hago?). Pero aprendí sobre literatura, un poco, porque uno no puede decir que sabe de literatura hasta después de intentar leer a los formalistas rusos… ¡Ese es otro cuento!

Ese día habíamos quedado de ver a Petrozza y a Silverstein el vagabundo… un vagabundo fotógrafo y diseñador, que de vagabundo no tenía nada… En aquel entonces haríamos de WR la editorial independiente que habíamos soñado, o algo así…

Esperen, ya casi llega la diabetes.

Queríamos entrar al Conejo Blanco ya que habíamos oído que Xavier Velasco se sentaba a escribir ahí mismo con su perro como acompañante. Cuando llegamos y cuestionamos al mesero sobre ese gran mito urbano de ver a Xavier escribir en una pequeña mesa del café mientras imaginaba Violetas haciendo viajes en carretera, sólo nos miró con extrañeza y lo negó todo.

Seguimos nuestro camino por la calle de Ámsterdam, esa misma que Ruy-Sánchez dice en alguno de sus libros que tiene un sonido similar al vuelo de un mosquito y llegamos a la calle de Sonora. Esto que cuento pasó hace 9 años, me habían diagnosticado con diabetes unas semanas antes y recuerdo visitas a la casa de Petrozza en donde yo simplemente no podía ver y me sentía extremadamente cansada. Lo veo con mucha lucidez en este momento…

Por ese tiempo carecía de educación en diabetes, no voy a mentir, no tenía ni la mínima idea de lo que era un carbohidrato y para mí, azúcar era… ¡azúcar!

Así que llegamos a este lugar, no se los niego, saben bien que yo me río de todo y sin duda no me contuve de soltar una carcajada ante el nombre: Dos de Azúcar, no sólo uno… dos. El menú tenía variados platillos y todos, absolutamente todos… con Dos de Azúcar, lo cual era una mera denominación de estilo…

¡Ensalada dos de azúcar!

“Me puede dar una ensalada dos de azúcar, pero sin los dos de azúcar” dijo Petrozza y bromeamos de ese modo con todo el menú, era bastante irónico. El diagnóstico llega a todo tu círculo, cada amigo y cercano lo toma de modo distinto, todos saben qué tanto pueden entrar en tu comodidad para hablar de ello.

Quien me conoce sabe que soy feliz cuando pinto paredes y horneo pasteles, así que unos meses después decidí incursionar en los postres de, llamémoslo así: ¿bajo índice glucémico?… y bauticé un antiguo blog así: Sin dos de azúcar, en fin, quizá ganó más mi pasión (oculta por muchos años) de escribir y aquello murió. Después entendí que no era ni mi momento, ni mi camino.

Y ahora, heme aquí, Sin dos de azúcar o con Dos de azúcar.

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