Noches sin dormir

Cerré mis ojos, el cansancio dominaba mi cuerpo. Tres noches enteras sin dormir, ese pequeño ser, ese complemento y continuación del mío, por fin descansaba.

Pincha, prueba, cuenta. Pincha, prueba, cuenta.

Mientras veía lo oscuro de mis párpados, sentía el tacto áspero de la alfombra. Tantos días sus manos recorrían la ciudad que figuraba en ella con un pequeño cochecito. Tantas tardes tuve que parar el viaje para pinchar su pequeño dedito.

La alegría se iba por momentos.

Me concentré en su pacifica respiración, inundé de aire mi pecho, no había ni un solo centímetro de mi cuerpo que no pesara.

Reparé en la hora, faltaba un poco más de media hora para el siguiente control.

Siempre te pregunto, un día sí, un día no… ¿por qué?

¿Necesitamos de este martirio para fortalecernos?

¿La vida es bella y cruel al mismo tiempo?

Es mejor pensar en ello.

La alarma suena, pincho tu dedo, parece que ya no lo sientes, es parte de ti, pero no eres tú.

Tú eres más que esto.

La vida es más bella que cruel.

Beso tu frente, vuelvo al suelo.

Aire al pecho.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Marisol pinilla rueda dice:

    Hermosa lectura. Me pasa igual.

    Le gusta a 1 persona

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