Querid@ compañer@ de diabetes:

Escribo esto porque al momento de mi diagnóstico me hubiera gustado encontrarme con una carta de este tipo y aunque no fue así, tengo la suerte de decir que llegó otro tipo de correspondencia que me ayudó a levantarme.

Querid@ compañer@ de diabetes:

Ojalá pudiera tomar tu mano en este momento y secar tus lágrimas.

Sé que sientes que un peso enorme se ha cargado sobre tu espalda y que a tu día simplemente se le han ido cada uno de los colores. Sé que te has reprochado cada segundo desde el momento en el que el médico te aseguró que tu vida no sería la misma.

Dentro de ti hay una fuerza enorme. Dentro de ti se guarda la más grande de las valentías. Este llanto se irá mañana y todo ese peso que parece que no soportas más se irá transformado en un coraje increíble por aprender y vivir al máximo esta nueva realidad.

Te conectarás con los tuyos, te redescubrirás, verás los días más soleados y comprenderás que las batallas más fuertes son para los mejores guerreros.

Cada día es un nuevo comienzo, cada error es un nuevo aprendizaje. Cada momento de frustración va a ser recompensado por 10 momentos de dicha. Tu sonrisa se iluminará cuando comiences a notar que has aprendido tanto que cada vez es más fácil mantenerte vivo.

Brotará de ti empatía, ayudarás a tu tribu desde tu trinchera, notarás que cosas que antes parecían insignificantes, iluminan cada momento de tu existencia. Podrás ver con mayor lucidez quienes son aquellas personas que tienen que quedarse en tu vida.

Puedo asegurarte que desarrollarás un gran superpoder.

No estás solo, allá afuera hay otros tantos que hemos pasado por lo mismo y no dudaríamos ni un segundo en ayudar a sanar tus heridas.

No te rindas, todo lo mejor está por llegar.

Un pinchazo, una gota, un día a la vez.